La fatiga de compasión es el costo emocional que ocurre cuando una persona se entera de las experiencias traumáticas de otra persona. La fatiga de compasión, en ocasiones es denominada estrés traumático secundario, es común entre los profesionales del cuidado, como maestros, consejeros, trabajadores sociales, médicos y enfermeras. Cualquier profesional que trabaje directamente con niños o adultos traumatizados, y esté en condiciones de escuchar el relato de experiencias traumáticas, corre el riesgo de sufrir fatiga por compasión.

Algunos signos y síntomas comunes incluyen desesperación, ira y cinismo, incapacidad para escuchar y hasta evitar al cliente, agotamiento crónico, minimización y culpa. También es común que las personas que experimentan un trauma secundario vuelvan a experimentar su propio trauma.

Las estrategias para la prevención incluyen practicar el cuidado personal, equilibrar el número de casos, mantener limites saludables y utilizar horarios flexibles. También es importante descansar adecuadamente, comer bien, hacer ejercicio y darse la atención plena.

Al planificar el cuidado personal, tome en cuenta en incluir algo para nutrir su yo físico, su yo mental, su yo emocional y su yo espiritual. Lo que cabe en cada área será diferente para todos. La Red Nacional de Estrés Traumático sugiere pensar en el autocuidado en tres aspectos básicos:

  • Conciencia: tómese el tiempo para reflexionar sobre cómo se siente, revise sus niveles de estrés y considere si sus actitudes diarias se alinean con la persona que desea ser.
  • Equilibrio: busque el equilibrio en todos los ámbitos de su vida, incluyendo el trabajo, lo personal, la familia, el descanso y el tiempo libre.
  • Conexión: construya conexiones y relaciones de apoyo con compañeros de trabajo, amigos, familia y la comunidad.