Los últimos años han generado un llamado a la convocatoria nacional para comprender el trauma y los efectos de este en la mente y el cuerpo. Existen muchas definiciones diferentes de trauma, cuando hablamos de atención informada al trauma, es importante tener en cuenta que, uno puede asociar el trauma con un evento como un accidente, una lesión, etc., y el enfoque está en el impacto del evento(s), no en la naturaleza del evento(s). Las definiciones que a continuación se presentan, ayudan a hacer esta distinción:

  • La incapacidad de un individuo o comunidad para responder de manera saludable (física, emocional y/o mentalmente) al estrés agudo o crónico.
  • Un evento (s) estresante ha abrumado y por lo tanto ha comprometido la salud y el bienestar de un individuo o comunidad.
  • Una experiencia excepcional en la que eventos poderosos y peligrosos abruman la capacidad de una persona para hacerle frente.

Como lo demuestran las definiciones anteriores, el trauma puede afectar a un solo individuo o a toda una comunidad. Ha ocurrido un trauma cuando la persona o la comunidad esta abrumada y ya no puede hacerle frente a lo que está experimentando. Lo que causa estar abrumado es diferente para cada persona, y una experiencia puede ser traumática para uno y no para otro. Esto se debe al hecho de que, como individuos, todos tenemos diferentes formas para afrontar una situación y diferentes sistemas inmunológicos.

Un ejemplo común es el de dos hermanos cuyos padres se divorciaron. Uno parece tomarlo con calma, mientras que el otro, lucha por manejar la situación. El niño que está pasando por un momento difícil puede tener problemas de ansiedad, depresión, tener dificultades en la escuela o posiblemente recurrir a formas dañinas de cómo afrontar la situación como el uso de drogas y alcohol. La capacidad de cómo afrontar las situaciones difíciles de este niño se ha abrumado, y está experimentando un trauma.

Está bien documentado que experimentar un trauma aumenta el riesgo de tener resultados negativos de salud física, mental y emocional a lo largo de la vida. El trauma afecta el aprendizaje y el cerebro, como lo demuestran las resonancias magnéticas.

La buena noticia es que las personas que experimentan un trauma todavía pueden prosperar. La clave está en identificar los canales de intervención adecuados. La investigación en el campo de la neurociencia demuestra que el cerero tiene una característica llamada plasticidad. La plasticidad se refiere a la propiedad de cualquier sistema, incluyendo el cerebro humano, que puede ser cambiado. Cada vez que aprendemos algo nuevo, en realidad estamos formando nuevas vías en el cerebro. La forma en que esto se relaciona con el trauma es que, con la práctica, cualquiera puede aprender técnicas para afrontar positivamente y, en última estancia, dominar la autorregulación.